Colombia tiene dos artistas en la salud: general y étnica
Maira Alejandra Aguilar, Sharick Kamila Jimenez Rodriguez
Las Comunidades indígenas, en especial el pueblo pijao concibe la salud y la enfermedad, como un equilibrio o desarmonía entre el chiri y chagua, entre el mundo material y espiritual. Dentro de este contexto pluricultural no hay un médico que guíe este proceso al interior de las organizaciones y cosmovisión, en cambio, está el mohán, quién es el sabedor encargado de ayudar a equilibrar estas tensiones que se presentan, de tal manera que el tratamiento requiere de ese conocimiento previo que tiene cada mohan de la comunidad y que habita el territorio. Es así como ante las enfermedades existen ciertas restricciones que deben ser acatadas para lograr ese equilibrio y pasar a un estado más pleno que es el de la salud.
Para nadie es un secreto que hace más de 213 años, en territorios indígenas, se desarrolló la expedición botánica y que, gracias al empleo de comunidades originarias, lograron la identificación de más de 20 mil especies. Material vegetal que extrajeron su ambiente y que hoy en día esta monopolizado por grandes farmacéuticas que lo explotan y se lucran económicamente de ellas, un gran ejemplo es la planta comúnmente conocida como dormidera y la amapola, de la que extraen un componente llamado opio y que forma la morfina; otra planta a la que grupos clandestinos y al margen de la ley en el continente Americano, aprovecharon los componentes de la coca, para transformarla en cocaína, haciéndola adictiva y rentable para sus fines. Tradicionalmente, las hojas de coca han sido masticadas por los pueblos originarios por sus efectos estimulantes y se asocian con diversos usos medicinales, como el alivio del mal de altura en regiones montañosas, regularización digestiva, entre otros.
Las comunidades indígenas, a lo largo del tiempo han luchado por que los Estados reivindiquen sus derechos. En Colombia desde el año 2014, los pueblos originarios, han iniciado mesas técnicas de diálogo, en las que empezaron a hablar de salud propia, es decir, del sistema indígena de salud propia e intercultural, que mediante el Decreto 480 de 2025 y normativas previas como el Decreto Ley 968 de 2024, inicia el reconocimiento de los saberes y la fase de implementación, requiriendo de voluntad política, financiación adecuada y respeto integral por los sistemas propios de los pueblos indígenas.
Este avance se da en un contexto de movilización masiva en todo el país, en el que los Pueblos Indígenas siguen exigiendo el cumplimiento de los acuerdos históricos, el respeto por los territorios y la garantía real de vida digna, basada en la autodeterminación, la soberanía sanitaria y el fortalecimiento del Gobierno Propio.
En América han tratado de abordar las desigualdades en la salud promoviendo un modelo intercultural de atención a la salud, implementando cuatro estrategias. El acceso, visibilidad, trato con dignidad y empoderamiento de las comunidades indígenas. Este enfoque busca integrar prácticas de salud tradicionales en la atención médica moderna, respetando la cultura y lengua de cada pueblo.
Las organizaciones gubernamentales y la sociedad en general, han implementado programas que ayuden y permitan a las comunidades tener una salud digna sin perder sus costumbres. Han creado centros de salud en las mismas comunidades, contratación y capacitación de personal médico indigena y la promoción de prácticas de higiene y nutrición.
En conclusión, la consolidación de un sistema de salud intercultural en Colombia representa no solo un acto de justicia histórica, sino el reconocimiento de la medicina ancestral como un patrimonio cultural inmaterial indispensable para la identidad del país. Estos saberes, custodiados por quienes pueden ser llamados “sabedores”, demuestran que el bienestar no reside únicamente en componentes químicos aislados, sino en la conexión profunda con el territorio y en el equilibrio de las comunidades.
Al integrar estos conocimientos con la medicina moderna, incluso mediante el uso de herramientas contemporáneas como la telemedicina, se abre un camino hacia una sanación verdaderamente integral que honra la diversidad étnica y promueve un retorno necesario a la naturaleza. El éxito de este modelo dependerá de la voluntad de seguir construyendo puentes que protejan este legado milenario, asegurando que la medicina tradicional siga siendo una práctica dinámica basada en las experiencias vividas y el respeto por la vida en todas sus formas.
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