La televisión ya no pelea contra otros canales: Pelea con el algoritmo
En Colombia y en el mundo es algo que se está haciendo cada día más presente: la televisión abierta ya no es de uso cotidiano. Ya no hace parte de nuestras vidas, y ya no define nuestra rutina como lo hacía antes.
Los programas como “Muy Buenos Días” de RCN y “Día a Día” ya no cuentan con la misma cantidad de presentadores como en 2010. Esto se puede explicar con los datos de Kantar Ibope Media (la empresa líder en investigación de medios de comunicación en América Latina), donde dice que solo el 45% de los colombianos consume televisión abierta de forma habitual, una caída en picada si los comparamos con el 80% que se registraba hace 10 años.
El algoritmo está cada vez más nutrido, predice exactamente qué quieres ver, qué es lo que te interesa y qué no; sabe qué parte de internet mostrar a cada usuario. Esta es la fórmula perfecta para el entretenimiento permanente, la dopamina y los estímulos que estamos necesitando para captar esa atención que se está haciendo más difícil.

Actualmente, el fenómeno de la doble pantalla es donde se deja una pantalla de fondo, normalmente es la televisión solo para “hacer ruido” mientras el usuario se inmersa en el teléfono. Esto solo comprueba que la atención en una sola cosa se está haciendo imposible. El flujo infinito de información (scroll infinito) y la gratificación instantánea de las redes sociales generan picos de dopamina.
Esto, aparte de que reduce la capacidad de concentración profunda en una sola tarea, fatiga cognitiva, problemas de sueño (la luz azul inhibe la producción de melatonina) y fatiga visual, también tiene un impacto negativo en la salud mental. Se disparan neurotransmisores como el glutamato y hormonas como el cortisol, que influyen en la respuesta ansiosa a otros fenómenos como el FOMO (Fear of Missing Out): la angustia de sentir que te estás perdiendo de algo importante si no estás conectado.
En conclusión, la televisión abierta se encuentra en una batalla desigual donde ya no compite contra otros canales, sino contra una estructura tecnológica diseñada para la gratificación inmediata. Mientras la televisión ofrece una programación estática y generalizada, el algoritmo representa la evolución del entretenimiento, transformándose en una experiencia personalizada que secuestra la atención a través de estímulos constantes. Ante un sistema que predice deseos y explota la neuroquímica del usuario, la televisión tradicional carece de las herramientas para luchar, quedando relegada a un simple ruido de fondo en la era de la hiperconectividad.
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